22 de julio 2018

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De John Main, “Smashing the Mirror”, MOMENT OF CHRIST (New Yok: Continuum, 1998), págs. 50-51


No creo que sea una exageración decir que el pecado original es la autoconciencia, la híper-autoconciencia de egoísmo que da lugar a la conciencia dividida. Esto es como tener un espejo entre Dios y nosotros. Cada vez que vemos en el espejo nos vemos a nosotros mismos. El propósito de la meditación es romper este espejo para que ya no veamos el reflejo de las cosas y consecuentemente veamos todo al revés, incluidos nosotros mismos. La esencia de la meditación es tomar el reino de dios por la fuerza. El espejo debe ser destruido. Y Jesús habla de sobrepasar la autoconciencia, nuestro reflejo en el espejo, cuando dice que nadie puede ser su seguidor a menos que deje su ego atrás.

No se requiere un gran conocimiento de la vida para percibir que esta autoconciencia nos engaña para pensar que todo el universo gira alrededor de nosotros, o para concluir que esta autoconciencia es un estado terrible en el cual permanecer. Tal vez eso sea lo que más nos trae a la meditación. No queremos ver en ese espejo y ver todo al revés para toda la vida. Queremos mirar con valor hacia el misterio infinito de Dios. Pero cuando empezamos a sentir esta primera pérdida de autoconciencia y empezamos a entrar en el silencio profundo de que es la meditación, podemos perturbarnos y asustarnos. Aquí es cuando necesitamos la fe y entender que la fe es un regalo -dado a nosotros, como nos dice San Pablo, en abundancia- si tan solo estamos abiertos a ella. Si tan solo podemos continuar martillando a ese espejo hasta que se rompa, golpeando (gentilmente) al espejo con nuestro mantra.

No hay nada pasivo en la meditación. Es un estado de creciente y profunda apertura con la fuente de poder de la realidad, el Dios-que-es-amor. El objetivo de nuestra vida y la invitación de nuestra vida es nada menos que la unión completa, resonancia plena con la fuente de poder.

 

Después de la meditación: un fragmento de “Heart-knowing and the Jasmine scent of feeling near to God”, THE SOUL OF RUMI (New York: HarperCollins, 2001), pág. 324

Ningún error

puede hacerse o decirse cuando tu conciencia está en tu amor

y tu amor está en Dios. En esa luz no hay distracciones.

 

Selección: Carla Cooper

Traducción: Guillermo Lagos