21 de octubre 2018

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De John Main OSB, “Second Conference in CHRISTIAN MEDITATION: The Gethesemani Talks” (Montreal: Christian Meditation Media, 1982), págs. 36-37


La meditación y su pobreza no es auto-rechazo. No nos estamos alejando de nosotros mismos; no nos odiamos. Pero el llegar a nuestro verdadero ser—y es a esa invitación a la que respondemos cuando meditamos—debemos pasar hacia la experiencia radical de pobreza personal con una auto-entrega inquebrantable.

Y a lo que renunciamos, a lo que morimos es, en el pensamiento Zen, no al ser de la mente sino más bien la imagen del ser con la que erróneamente nos identificamos, pensando que se trata de quién somos en realidad. Esta no es una propuesta que necesitamos, en el lenguaje de la Nube, “exponer con inteligencia imaginativa”. Pero nos dice que a lo que estamos renunciando en la oración esencialmente es a la irrealidad.

Y el dolor de la renuncia será proporcional al compromiso que tengamos con la irrealidad, el grado con el cual nos hemos pensado que nuestras ilusiones son reales.

 

Después de la meditación, Franz Wright, “Ohio Sunflowerfield”, en GOD´S SILENCE (New York: Knoph, 2008), pág. 32

Campos de Girasol de Ohio

Escondido, un minuto
cada quién cree
que la muerte es
una catástrofe
no prevista
que solo ocurre
en otra parte, a 
todos los demás,
y al siguiente minuto una 
fatalidad a la cual 
solo tu estás condenado—
¿Qué tiene de malo la verdad, tan profundamente consoladora y perfecta?

 

Selección: Carla Cooper

Traducción: Guillermo Lagos