4 de noviembre 2018

                                                          Photo credit: brandsvig on VisualHunt / CC BY-NC-ND

Un fragmento de John Main OSB en WORD MADE FLESH (Norwich: Canterbury, 2009), págs. 13-14


La meditación requiere sencillez. Como Jesús nos dice, “quien no acepte el reino de Dios como un niño nunca entrará en él”. (Lucas 18:17) El Reino de Dios… es el poder del amor establecido en nuestros corazones. La maravilla sobre la proclamación de Jesús es que cada uno de nosotros está llamado a darse cuenta qué este poder está realmente presente en nuestro corazón.  Pero para llegar a esta realización necesitamos ser sencillos. Debemos volvernos como niños… Y llegar al entendimiento de que somos buenos y tenemos capacidad para hacer el bien. Es un bien que no puede ser medido, solo conocido en relación a la infinidad de Dios y al espíritu sin límites que vive en nuestro corazón.

Una vez que nuestro espíritu está abierto al espíritu de Dios, la división se acaba. Ya no tenemos que jugar juegos. Podemos actuar consistentemente desde nuestra más profunda integridad. Nada puede dividir nuestro corazón una vez que estamos abiertos al Espíritu. Solo tenemos que aprender generosidad de corazón para estar totalmente a la disposición de Dios en la mayor apertura de amor, sin demandas o expectativas de recompensa.

 

Después de la meditación: “Did This Ever Happen to You”, por Franz Wright en GOD´S SILENCE (New York: Knoph, 2006), pág. 22

Una nube colorida como el mármol
envolvió al sol y se detuvo,
una ardilla flaca cojeó hacia mi
al cruzar el parque vacío
y se congeló, la última
o penúltima
hoja del otoño, pero antes de que tocara
tierra, con claridad impactante
escuché la voz de mi madre
decir mi nombre. Y en un instante pasé
más allá del terror y la tristeza, y fui llevado
hacia una obscuridad brillante 
sin imágenes
de la que vine y que soy. Nadie 
es más fuerte que el perdón.

 

 

Selección: Carla Cooper

Traducción: Guillermo Lagos