3 de noviembre 2019

                                                          Photo credit: Daniele Zanni on VisualHunt / CC BY-NC-SA

Un fragmento de “Dearest Friends”, Laurence Freeman OSB en el Boletín de la Comunidad Mundial de Meditación Cristiana, Vol. 32, No 3, Septiembre de 2008, pág. 4


Muchas personas profundamente religiosas sienten aversión o antipatía a la meditación porque les parece (y ciertamente lo es) que socava las fronteras seguras que protegen nuestro punto de vista sobre el mundo y nuestro sentido de ser diferentemente superiores a los demás.

Un camino de fe, sin embargo, no es una adherencia obstinada a un punto de vista y al sistema de creencias y rituales que los expresan. Esto solo lo convertiría en ideología o sectarismo, no fe. La fe es un viaje que transforma y demanda que nos movamos en, a través de, y más allá de los marcos de referencia de creencias y observaciones externas- sin traicionarlas ni rechazarlas, pero tampoco dejándonos atrapar por sus formas de expresión.

San Pablo habló del Camino de salvación como un principio y un fin en la fe. La fe es una apertura desde el inicio del viaje humano. Naturalmente, necesitamos un marco de referencia, un sistema y una tradición. Pero si permanecemos establemente centrados en estos, se desarrolla el proceso de cambio y nuestra perspectiva de la verdad se amplía continuamente.

 

Después de la Meditación, “Who Said This?” por Mary Oliver en RED BIRD (Boston: Beacon, 2008), pág. 58

Algo susurró algo
que no era siquiera una palabra.
era más como un silencio 
que era entendible.
Estaba parado
a la orilla del estanque.
Nada vivo, lo que llamamos vivo,
estaba a la vista.
Y, sin embargo, la voz entró en mi,
mi vida corporal,
con tanta felicidad,
y no había nada ahí
sino agua, el cielo, el pasto.

 

Selección: Carla Cooper

Traducción: Guillermo Lagos