4 de mayo 2015

PHOTO: LAURENCE FREEMAN

Extracto de  John Main, OSB, “Self-Will and Divine Will,” THE PRESENT CHRIST (New York: Crossroad, 1991), pp. 86-87.

  
La conversión requiere en todos nosotros reajustes significantes en nuestra vida, en nuestra forma de ver las cosas. Estos reajustes se pueden intelectualizar pero no se logran por el poder del pensamiento. Sólo pueden ser integrad s en nuestra vida desde el poder creativo de nuestro propio corazón, nuestro centro. Por eso es que entendemos mejor la meditación, no como un proceso de aprendizaje o una herramienta que podemos emplear para obtener resultados que deseamos, sino más bien como un proceso de aprendizaje, un proceso de asombro y humildad profunda…
La meditación es de tal importancia porque sólo podemos llegar a la verdad si tenemos la confianza de enfrentarnos a ella. Esta confianza surge del encuentro del amor puro en nuestros corazones. La cosa más importante realmente por conocer en la vida – para la vida – es que Dios es y que Dios es amor…Es muy simple. La más importante actividad de cualquier vida que quiere responder plenamente a su potencial es que entramos en esta luz para ser purificados, para ser realizados, para descubrir nuestro potencial divino…
Tal vez la lección más valiosa por aprender es que Jesús…ha transformado lo ordinario. Si vemos esto con claridad, podemos ver nuestro propio viaje espiritual, nuestra propia práctica religiosa, nuestra vida personal, todas bañadas en la luz transformadora del amor de Cristo…Sólo podemos ver con su luz. Lo que vemos nos transforma. Nos volvemos, como nos dice San Juan, “como Él.” 

Mary Oliver, “Cuando estoy entre los árboles”. - “When I Am Among the Trees,” THIRST: Poems by Mary Oliver (Boston: Beacon Press, 2006) p.4.
  

Cuando estoy entre los árboles. 
Cuando estoy entre los árboles, 
En especial sauces y acacias,
Igual que hayas, robles y pinos
Se percibe tal viso de gratitud
Que diría que me salvan, y a diario.
Estoy tan distante de mi esperanza
Donde tengo bondad y discernimiento,
Y nunca tengo prisa en el mundo, 
Sino que camino despacio y en reverencia.
A mi alrededor los árboles se estremecen en sus hojas
Y llaman, “Quédate un rato.”
La luz surge de sus ramas
Y llaman de nuevo, “es simple,” dicen,
“Y tu también has venido al mundo
Para hacer esto, 
caminar con tranquilidad, 
llenarte de luz, y brillar.”

Traducción Enrique Lavin