31 de mayo 2015

PHOTO: LAURENCE FREEMAN

Extracto de John Main OSB, Monasterio sin Paredes: Las Cartas Espirituales de John Main (Norwich: Canterbury, 200) Págs. 127-28

El regalo de la visión es el milagro de la creación. Estamos empoderados a ver la realidad interior en la cual vivimos, nos movemos y tenemos nuestro ser.  Es un regalo que no podemos poseer jamás porque lo estamos recibiendo continuamente. Al regresarlo, al soltarlo, lo volvemos a recibir nuevamente de forma más plena. Es por eso, que mientras más tiempo llevemos meditando, cada vez más lo hacemos sin demandas ni expectativas. Saber que Dios nos ha creado para compartir el ser se posesiona de nosotros sin darnos cuenta. Empero la luz de conciencia hacia la que nos expandimos está completa de formas que la tenue autoconciencia del ego jamás lo puede estar. 

Para aquellos que humildemente caminan el peregrinaje de la oración hacia la luz, este es el conocimiento esencial que necesitan. Conocimiento es experiencia.  Es también la palabra que una vez que ha sido pronunciada hace consciente a todo aquel que la escucha. Nos convoca a abandonar los viejos patrones y nos inspira a inhalar más profundamente la realidad que se expande y a poner el centro de nuestra conciencia más allá de la auto-preocupación. Es descubrir que nuestro centro está en Dios. Cómo llegamos a este viaje es menos importante que empezarlo.  Para empezar, es necesario que hagamos un verdadero compromiso. Ese momento de auto-darse, de rendir el ego, es el hoyo en la pared del ego que, sin importar que tan breve sea al principio, permite el paso de la luz. La luz fluirá de una forma cada vez más poderosa hasta que derrota cualquier cosa que impida la transparencia.

Este momento de compromiso siempre está disponible para nosotros. No es un ideal ausente, una posibilidad teórica, sino una realidad presente y accesible a través de la fe. La pregunta es, ¿estamos lo suficientemente presentes a nosotros mismos para verla, para escuchar la invitación y responder a ella? Cada momento es el momento porque todo el tiempo está cargado de un significado divino. “Ahora es el tiempo para aceptar” “Todo el tiempo es el tiempo de Cristo”. Cómo un amante, como un jardinero, Dios espera pacientemente nuestra respuesta, nuestro crecimiento. 

Después de la Meditación: un extracto de Andrew Harvey, A JOURNEY IN LADAKH (Boston: Houghton Mifflin, 2000) págs. 92-93

Tomar este río, estas rocas, esta luz, estas montañas que cambian por la luz, “por sentadas”, y disfrutarlas- Despacio estoy aprendiendo esto aquí. Estoy aprendiendo no lanzar nombres a las cosas. Aun cuando estoy escribiendo o simplemente pensando roca, río, luz, montaña, empiezo a ver a través de la palabra a la cosa, estar junto con la cosa, la roca, esta luz en mis manos, sin miedo o necesidad de hablar. 

 Las cosas existen en lo innombrable. Algunas veces soy libre o liberado por este panorama, para verlas como son sin desear nombrarlas. Algunas veces, como las rocas brillan en el sol del atardecer, o el río destella repentinamente entre las piedras, o dos pájaros se esconden en un rayo de luz arriba de mí, entiendo los nombres no satisfacen el resplandor de las cosas. Y esa comprensión, mientras dura, es paz.

Traducción Guillermo Lagos